Información de los libros de
Louis Cattiaux










 
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Imán

02/37-38. Ahora, corresponde al hombre dar el primer paso hacia Dios, ya que también él dio el primer paso hacia la sombra. Al instante, como un imán , Dios hará recorrer al hombre el doble de camino.

13/19. La imantación del amor se comunica a los que son lo bastante puros como para darle paso. Así, de i mantados se vuelven imanes a su vez y la cadena de la reinte­gración que se forma en el mundo se funde en Dios.

13/41'. Todos poseemos la misma luz, pero está más o menos velada y reducida según el espesor de las cortezas tenebro­sas que nos separan del imán primero. Pero la vida encarnada decanta e ilumina al hombre atento y reposado.

05/64'. Quien alcanza a Dios perfecciona a la humanidad entera, porque entonces atrae como un imán su propia sustancia soterrada en la tumba.

14/38. El don divino de la libertad quiere que el hombre extraviado en la muerte sólo pueda alcanzar el manantial vivo y puro mediante ese otro don divino que constituye la imantación recíproca del amor.
28/35. Henos aquí como pequeñas minas del Señor del cielo, y he aquí al Señor del cielo como una pequeña mina de la inmen­sidad del Único Esplendor. Así, todos están en Uno como las monedas de oro están en el oro. Así, el polvo de imán se reunirá con la masa del imán y se fundirá en ella, y todo permanecerá en Uno, como antes del grito explosivo de la alegría que emulsionó los mundos sobre la faz del abismo tenebroso.

14/ 63. Los verdaderos Sabios y santos iman­tan a todos los hombres de buena voluntad hasta Dios, y por eso son los Hijos únicos y los servidores fieles de su Señor.

18/70. Si deseamos permanecer vivos, debe­mos imantar en nosotros la vida celeste para que, a su vez, nos atraiga hasta ella, donde ya no hay lugar para la muerte.

19/55'. Seamos imanes de vida y no imanes de muerte, y sepamos que todo lo que pensamos se corporifica en nosotros y alrededor nuestro y se alimenta de nues­tras palabras y de nuestros actos.

24/3. Buscando el mundo agonizante, nos convertimos en imanes de muerte y morire­mos. Buscando al Único viviente, nos convertiremos en imanes de vida y vivire­mos.

32/5. El deseo ardiente de la salvación de Dios imanta al Señor del cielo hasta dentro de nuestros corazones.