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Carta de Louis Cattiaux




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Louis Cattiaux







 
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La obra de Cattiaux en profundidad

Fragmentos de cartas de Louis Cattiaux acerca del "Mensaje Reencontrado".


Presentación

Desde el otoño de 1980 y hasta el verano de 1994, fragmentos de algunas de las cartas de Louis Cattiaux fueron publicados ininterrumpidamente en forma de artículos en la revista belga "Le Fil d'Ariane", y traducidos al castellano en la colección "La Puerta". El barón d'Hooghvorst, quien se encargó de la selección, escribió respecto a dichos fragmentos: "Los hemos clasificado, por temas y sin tener en cuenta ni el orden cronológico ni los diferentes destinatarios, un cierto número de pensamientos aparentemente muy diferentes. Pero, en resumen, su mensaje es siempre el mismo: El Arte, la Gran Obra, no pueden ser practicados sin pureza interior, sin vida mística, sin olvido de sí mismo, sin ofrenda y sin amor".



FRAGMENTOS DE LAS CARTAS

El hermetismo de “El Mensaje Reencontrado”
Observa el tono diferente que adquieren los nuevos versículos. Se inicia en el capítulo XIII y se vuelve cada vez más íntimo con el Señor, pero el fondo hermético permanece a pesar de todo, pues es lo único que cuenta en definitiva para la salvación aquí abajo, y puedo decir que incluso se ha vuelto singularmente audaz. Yo no puedo escoger el momento de la inspiración, que se produce en series, por así decirlo, y no puedo incorporar nada extraño a un versículo por mi propia voluntad; por ejemplo, tu frase se ha impuesto espontáneamente, pero no soy yo quien realmente lo ha decidido. Todo esto lo digo para explicarte que me está prohibido y me es imposible incorporar nada siguiendo mi propia fantasía ... Tampoco puedo tachar o incluso corregir un solo versículo sin que la orden interior esté de acuerdo con dicha operación. Piensa que quería escribir una obra de pocas páginas; ya ves donde estoy y ni siquiera sé si he acabado...           
Si tus ojos se abren por completo, te volverás desdichado y serás, como yo, un objeto de escándalo y de reprobación para muchos.
Estoy llegando al final de mi período de inspiración y entro en el de hastío y de beber el cáliz hasta el fondo. Ello me turba y me pregunto por qué he de sufrir todo esto en el abandono de mis allegados, la tristeza y la desazón, pero siento, más allá de la razón, que después entraré en la luz, la paz, el triunfo y la alegría; esto es lo único que me retiene para no enviarlo todo a paseo, libro y familia, y tomar un oficio de esclavo por sarcasmo y desesperación. ¿Cómo quieres que me fije en los maestros de la búsqueda y que busque la luz?, no obstante, ¡ella germina en alguna parte!

“El Mensaje Reencontrado”
Te envío “El Mensaje Reencontrado” y espero que te agrade; te pido amigablemente que aceptes dedicar el esfuerzo necesario que requiere su lectura durante el tiempo suficiente, hasta penetrar la superficie de las cosas. La columna de la izquierda corresponde más o menos al mundo sensible y la columna de la derecha es su contrapartida en el plano anímico y espiritual.
Dios te ayudará a leerlo porque tienes un corazón sencillo, y esto constituye el mayor tesoro aquí abajo.

“El Mensaje Reencontrado”
Me complace que seas amigo del Corán y del Tao Te King, que tanto señalan la unidad de la búsqueda, así como la oposición de los temperamentos particulares. Te aconsejo que pongas en paralelo constantemente la enseñanza del libro de los padres del taoísmo con la de los Evangelios, y descubrirás la identidad metafísica de estas asombrosas palabras. En cuanto a lo que está oculto detrás, te bastará con leer el “Mensaje Reencontrado” por entero para verlo aparecer. Pero no pienses en mí cuando leas esta obra que habla sólo de lo que las demás han callado, pues correrías el riesgo de ser engañado por las apariencias y, así, te resultaría imposible ir hasta el fondo de la cosa misma, de la que se habla con imprudencia.
¿Te has dado cuenta del trabajo interior de presidiario a que obliga la lectura de “El Mensaje Reencontrado”? Seguramente por este motivo no gusta.

¿A quién va destinado?
Aquí, el calor y el buen tiempo son inamovibles, por lo que casi no trabajo ni rezo, sólo reposo. Incluso me olvido de “El Mensaje Reencontrado”, del que, de momento, sois una decena los que lo leéis en serio. Pero, ¿cuántos hay en Francia y en el mundo que puedan recibirlo? Sólo el Señor que lo ha inspirado lo sabe. En cuanto a mí, me pregunto para qué y para quién he escrito un libro así en una época como ésta; deseo olvidarlo para no tener que dar ninguna explicación al respecto ... Hacia otros ... dirigiré a los preguntones para que les respondan lo que quieran, pues estoy cansado de hablar a curiosos, muertos a la palabra que habla para decir algo, pero muy despiertos a la palabra que habla para no decir nada en absoluto.

Consulta
Ya te dije que mientras me aseaba recordé que en sueños se me ocurrió consultar “El Mensaje Reencontrado” respecto a mí y que le pedía a S. que mirase los versículos 28 y 28' del Libro XXXIV. Ciertamente, observarás cómo me llegó la advertencia y cuántas patadas da en el trasero este terrible libro a los que no quieren seguir recto su camino. El versículo 26' del Libro XVII, que encontrarás escrito a propósito de mí, confirma los demás, e incluso el 26, que va con ellos, es una lección sorprendente para los momentos en que mi fe desfallece, cuando intento sacudirme el yugo del Señor y ser falso ante los hombres, al ya no ser verdadero ante Dios. Lo más terrible es la advertencia de que quien se entrega a las pasiones del mundo deja de oír a su Señor. El versículo 28 del Libro XXXIV es un extraño aviso, así como el 28', dado en el preciso momento en que me encontraba entre lágrimas y desesperado, en el abandono y la rebeldía, ¿no lo crees así? Y qué advertencia antes del 26', que ya amenaza. Pienso que es inútil que siga preocupándome por este mundo que se tapa las orejas y los ojos, pues me apartaría de Dios y no por ello el mundo estaría más religado.
Esta inquietud se debe a mi falta de fe y a los problemas que me ocasiona el cuidado de mi casa. Es poco y es mucho; sin ello sería del todo para Dios, pero no puedo separarme de esa espina que me hiere y que echa a perder toda mi alegría.
Acabo de recibir una carta de mi hermana donde aconseja que me consagre por completo a la pintura a fin de ganarme convenientemente la vida, tanto para mí como para mi mujer; el mundo profano y razonable también habla dentro de mí y provoca ese espantoso desgarro. Por más que el libro responda y advierta en el sentido de Dios, no llego a abandonar a mi mujer ... ¿Cómo se puede vivir en este mundo extraño, indiferente u hostil...sin darle lo que quiere?
La frecuentación del espíritu del Señor, poco a poco me ha ido quitando el gusto y la posibilidad de trabajar para mí en este mundo. Comprende el esfuerzo que me ha supuesto escribir “El Mensaje Reencontrado” en las insoportables condiciones en que se ha llevado a cabo, ahora no puedo volver ni mirar atrás, ni tampoco puedo cambiar mi vía sin que sea un suicidio, esto es lo que me tiene atrapado y me desgarra, pues el mundo está ahí exigiendo su parte, mi trabajo mercenario, tiene envidia de mi trabajo en Dios, no lo quiere y no da nada a cambio. Es como para volverse loco y ya no sé qué hacer, pues el trabajo en el mundo y para el mundo se ha vuelto odioso para mí, pero es el único que el mundo paga, aunque lo haga mal. Por el contrario, el trabajo en Dios y para Dios es rechazado aquí abajo y sigue sin reportar salario alguno en este mundo, mientras que cada vez me gusta más y me tiene fuertemente cogido. En éste todo es placer, reposo, oración y alabanza. En aquél todo es hastío, aburrimiento, lágrimas y abandono. Sería preciso que Dios me permitiera pintar importándome lo bastante poco como para permanecer con él y complacerle, en lugar de ir al mundo y complacer al mundo. Creo que ahí está el secreto, ¿qué opinas? ¿Acaso no puedo ahora burlarme del mundo y reír con mi Señor? ¿Es que mi Señor no es capaz de entregarme el mundo imbécil atado de pies y manos o, aún mejor, reptando y suplicando? ¿Picasso no ha conseguido lo mismo del diablo, ridiculizando al mundo? ¿Pero me quedará aún energía para burlarme del mundo? ... No tengo ningunas ganas de ridiculizarlo.
Así pues, al decidir burlarme del mundo y tomar su oro y su plata, pedí, como es lógico, la opinión de “El Mensaje Reencontrado” que, tranquilamente, me respondió con el versículo 34' del Libro XXIV. Todo está por rehacer y por reconsiderar, pero el libro se mantiene de forma maravillosa en la línea señorial, mientras que yo permanezco atónito ante su inteligencia y ante mi propia estupidez. ¿Qué puedes añadir?
Si ahora obedezco por completo a Dios y al libro de Dios, ¿qué ocurrirá? Si me niego a ayudarme a mí mismo en el mundo, ganarme en él la vida y pintar; si me mantengo servidor e hijo de Dios, esperando sólo de Dios mi salario y mi alimento, ¿qué ocurrirá? El versículo 34 del Libro XXIV es también una maravillosa respuesta.

De dónde viene.
He pedido ... que se indicara ... que “El Mensaje Reencontrado” había sido rechazado por un maestro teólogo y por un maestro hermético, lo que hace de él un libro sin padres, ni carne ni pescado, y que siga siendo posible la duda sobre él, y puesto que las autoridades de este mundo no quieren reconocerlo, ¡al lector no le queda más que recurrir al Espíritu Santo para saber de dónde viene y adónde va!

El autor
No hay que exagerar, ni hacerse demasiadas preguntas acerca de mi persona, ya que no cuento demasiado e incluso nada en comparación con la música celestial que oyes a veces. ¿Quién soy, querido amigo? ... Según el mundo, soy un fracasado, un holgazán, un insatisfecho, un rebelde, un hombre como los demás que tiene dolor de barriga y que vomita, alguien que sufre y que se impacienta, uno de tantos, entre millones, que intenta sobrevivir todos los días y que debe aplicar su espíritu a canjear su propio trabajo por el de los demás para subsistir, una hormiga entre las hormigas. ¿Quizá, también, una hormiga que siente crecer sus alas? ¿Quizá un hijo de rey que busca la casa de su padre? ¿Quizá aquel que se acuerda de su herencia perdida o extraviada? ¿Quizá alguien a quien se le ha dado un encargo? ¿Quizá el pez que ha mordido el cebo del cielo? ¿Quién sabe y qué importancia tiene esto?
No me preguntas, como ... muchos otros, si verdaderamente soy yo quien ha escrito este libro, pero quizá te lo has preguntado a ti mismo, recordando, afortunadamente, que el espíritu sopla donde quiere ... Lo que es asombroso no es el libro, sino las condiciones en que ha sido escrito: ¿tendré ahora la dulzura después de haber tenido las espinas?
Mi mujer y yo estamos cada vez más atraídos por Nuestro Señor el sol y deseamos, cada vez más, llegar ante él, allí donde está en todo su esplendor adorable y vivo. ¡Es curioso ver cómo la gente busca a Dios allí donde no está y en cambio no lo ven allí donde está! ¡En verdad, debe ser por demasiado deslumbrante! Este deseo se apodera de nosotros cada vez más, y verdaderamente no sabemos cómo podrá realizarse, pero todo es fácil para el Único, así como todo es difícil para nosotros, pobres humanos caídos.
Tengo que hacer un esfuerzo cada vez mayor para subsistir, pero cada vez creo menos en ello, pues el resultado me parece ridículo y nulo. Al contrario, hace falta una dosis de fe que linda con la locura para tener únicamente esperanzas en la providencia de Dios y, no obstante, ahí está la única verdad que no perece, a pesar de todas las apariencias en contra.
Me gustaría, ahora, vivir en la montaña, cerca del cielo y cerca del sol, en la plegaria, en la alabanza y en la contemplación, sin hacer nada más; esto es una buena señal, pues demuestra que me vuelvo cada vez más apto para la libertad y el reposo de los hijos de Dios.
¡Piensa cuán poca gente está lista aquí abajo para entrar en la contemplación del Único! Nos aterroriza constatar que su número es ínfimo. Todos quieren hacer algo, pero ninguno quiere dejar hacer a Dios. Ése es todo el drama de la humanidad desviada que cree poder salvarse por sus propias fuerzas. Espero que el Bendito me permitirá realizar mi deseo, que consiste en conversar con él en lugar de agitarme inútilmente en este mundo transitorio. A veces me pregunto si no habré perdido el tiempo escribiendo este “Mensaje Reencontrado”, en lugar de adorar silenciosamente.
Al fin, he aquí al dios Sol, en pos del cual tanto hemos languidecido durante este invierno; lo bebemos con amor y nuestros rostros están enrojecidos de su amor y de sus abrazos paternales, pues ayer nos lo hemos encontrado en un pequeño jardín en el campo y hemos permanecido ante él imprudentemente, tan grande era nuestra alegría. Lo hemos bendecido, a él, que lo bendice todo y al que los hombres ignorantes desprecian tanto. Él brilla cada vez más en mi corazón y temo, también cada vez más, que los hombres descubran mi loco amor, a pesar de las oscuras prendas que me ocultan de ellos.

Es un libro vivo
Quiero pintar y ganarme la vida como cualquiera, pero el Señor no está conforme y tras haberme contestado en los Evangelios con la historia del servidor inútil, (Cf. Lucas XII, 43-48.) y en el Corán, exhortándome a servirle hasta mi último soplo de vida, me contestó en sueños con los versículos 28 y 28´ del Libro XXXIV, en Pascua, cuando estaba tan triste, y luego con los versículos 34 y 34' del Libro XXIV, y el 3 y 3' del Libro XXVI en respuesta a mi pregunta de si había de pintar e incluso si tenía que convertirme en pintor de la Virgen.
Henriette, que no creyó estas respuestas, obtuvo sobre el mismo tema los versículos 14 y 14' del Libro XXIV y 64’ y 64 del Libro IV. Al final, habiéndome empeñado en preguntar quién cuidaría de mi hogar, encontré la severa advertencia de los versículos 56’ y 56 del Libro XXIV. ¿Qué te parece, querido amigo?
Mi falta de fe en esta circunstancia es lamentable y me empeño en querer pintar y ganarme la vida solo. He aquí lo que debo comunicarte para que seas testigo de mi mala voluntad en Dios y de mi buena voluntad en mí mismo.
Tu espontánea propuesta de ayudarme es muy valiosa y entrañable, y me haría muy feliz ser tu deudor, a sabiendas de que el Señor a quien pertenezco te lo devolverá generosamente. No obstante, al no ser lo bastante humilde como para recibir sin dar nada a cambio, te agradecería que me encargaras los cuadros que puedan complacerte, a menos que prefieras que te dé una sorpresa.

Su cualidad
Es el libro escrito en el mundo para los que quieren salir del mundo caído, pero es un libro escrito en el exilio por alguien que ha conocido y soportado las mismas dificultades que cualquier lector, y ello a fin de que todo el que lo lea se anime pensando que quien lo ha escrito ha experimentado las mismas dificultades que él; es decir, sin un apoyo extraordinario, sin fortuna, sin recomendaciones, también sin bajezas y sin compromisos, con los trabajos diarios y las inquietudes cotidianas, con obstáculos renovados y con la lasitud y desesperación de todos los hombres que luchan aquí abajo. En fin, un libro escrito por un verdadero hermano que ha sufrido todo lo que soportan los hombres en general. Un semejante, incluso un inferior, lo que es reconfortante a pesar de todo, ya que así la cosa no es inasequible sino, por así decirlo, puesta al alcance del más desgraciado. He aquí porque es bueno, e incluso excelente, que se sepa que me enfado, que digo palabrotas y que, si se tercia, me peleo, que si no estoy en la cárcel es por casualidad, al igual que la mayoría de gente honrada; que he estado enfermo y desesperado, ignorado y rechazado, etc. como el primero y el último de los hombres descarriados aquí abajo ... y ahora vendrá el tiempo en que otra obra será escrita, pero del todo diferente, es decir, como una alabanza al Dios salvador y como la victoria que salva de toda caída, libro que será escrito en la única luz de vida exenta de toda tiniebla, para los salvados y ya no para todos.
Espero que “El Mensaje Reencontrado” ayude a algunos humanos a soportar la pesada carga de esta vida exiliada; así no habré escrito en vano, ni habré hablado inútilmente de mi Señor. Desgraciadamente, veo con claridad, es decir, de una forma demasiado cruel, que no he hecho nada en comparación con todo lo que hay que hacer y con lo que sufren y desesperan todos los humanos exiliados, pues la muerte nos habita y éste es el único pecado que hace que nada pueda arreglarse aquí abajo.

Su edición
Entiendo lo que ocurre con “El Mensaje Reencontrado” e iré donde no haya obstáculos; estoy cansado de luchar inútilmente. Me haré el muerto. Si algo ha de ocurrir respecto a su edición, mi elección y mi decisión, por así decirlo, no intervendrán.
No tengo noticias de J.D. que me pidió ... los capítulos XV y XVI del“Mensaje Reencontrado” para copiarlos. Mis cartas no han tenido respuesta y mucho me temo que se hayan perdido los manuscritos con las correcciones pues yo no tengo ningún duplicado. Si ahora el diablo se sirve de los sencillos para perjudicar la inspiración divina, ya es el colmo. Me pregunto qué es lo que hacen los ángeles que han permanecido fieles al Señor, en casos tan preocupantes como éste. Ahí se encuentran años de difícil trabajo que no podría volver a empezar por encargo. Todos estos obstáculos e impedimentos, que duran unos 20 años, empiezan a cansarme y se acerca el tiempo en que me tenderé en el suelo y esperaré o, peor aún, en que volveré al mundo.
Pocos ... se dan cuenta de la densidad de estas breves frases del “Mensaje Reencontrado”, porque actualmente a pocas personas les gusta lo profundo y no tienen tiempo de ahondar en ello; pero también, sobre todo, porque este libro permanece en el anonimato y sin ser presentado al público, donde se ocultan muchos buscadores aislados. Tendría que hacerse un esfuerzo para su difusión y por el momento me siento incapaz de ello. Cuando llegue su hora, ciertamente, la ayuda se presentará sola sin que haga falta correr tras ella.
Por desgracia, en lo que a mi se refiere, la caridad y el amor aún se encuentran en estado de germinación invisible y dudosa, mientras exploto de rabia y de impaciencia. Afortunadamente a veces el Perfecto permite que me ría de mí mismo y también que me avergüence, pero, sobre todo, me da un poco de su alegría para resistir en este tiempo siniestro.

“El Mensaje Reencontrado”
Lo estoy releyendo últimamente, realmente es un libro que no se gasta, y es extraordinario por su grado de concentración prodigiosa y elocuente.
Por supuesto, mientras te estoy diciendo esto olvido por un momento que soy el torpe secretario del Señor. Nadie sabe qué pensar de este libro, como nadie sabe qué pensar de mis pinturas herméticas, y sólo las nuevas generaciones sienten la suficiente curiosidad hacia él, hasta exprimirlo, como el vellón de Gedeón en la concha. (Cf. Jueces VI, 37 y ss.)

Su inspiración
Acabo de salir de la conferencia de H. en la que ha mostrado esa punta de la oreja que es el estado de “rebelión” contra el propio Dios, al que acusa de haber echado al hombre a la muerte del mundo. Por ello, le he señalado que nuestra rebelión debía aplicarse a nuestro estado lamentable y a la causa de nuestro estado, que es nuestra propia desobediencia, y no a Dios, que sólo ha sancionado con justicia dicha desobediencia. Los asistentes han preferido ser del mismo parecer y estar en favor de  la rebelión del hombre contra ¡las potencias que le han exiliado! Es el viejo fondo de rebelión luciferino lo que se manifiesta aquí, como se manifiesta en la violenta búsqueda de los sabios profanos atomistas y demás delirantes, que se imaginan, con bastante estupidez por cierto, que pueden forzar el paraíso de Dios o del Elohim, “Él, los dioses”, o sea, los adeptos.
Así, toda esta inteligencia brillante, precisa, organizada, seductora, todo este coraje y esta fría lucidez, toda esta tenacidad, toda esta organización, todas estas dotes están condenadas al fracaso porque falta la sumisión a Dios. Es para no creérselo y como de espanto ... H. quiso hablarme de “El Mensaje Reencontrado” pero le interrumpí diciéndole que se trataba de un ensayo sin importancia sobre alquimia mística y espiritual, que no tenía nada que ver con la ciencia precisa y tradicional de los alquimistas operativos y que además este libro no incluía ninguna receta. Parece ser que H. acusa a Dios de mantener al hombre en una condición inferior por celos y por una intolerable impostura, atribuyendo a nuestro creador y maestro lo que corresponde a Satán rebelde y envidioso. ¿Podré abrirle los ojos sobre esto, que parece no entender a pesar de toda su inteligencia? ¿No estás asombrado, querido amigo, ante esta confusión?
H. pretende volver a encontrar el secreto de Dios, sin pedírselo a Dios, al tiempo que habla de Dios, a quien ignora.
Esto es muy curioso y debe hacernos reflexionar sobre el misterio de la predestinación, que es el hecho de no escoger nada sino de examinarlo todo y conservar lo que es bueno y valedero sin juicio preconcebido, pero sobre todo el hecho de estar religado a Dios y de pedírselo todo. Querido amigo, debes agradecer a Dios la suprema gracia que has recibido y que te permite poder y atreverte a examinarlo todo sin prejuicio, a fin de escoger lo que te parezca bueno y digno de estima.
Imagina a las pobres gentes que son juguete de sus pequeñas opiniones e ideas preconcebidas y, al final, las víctimas excluidas de la salvación de Dios. ¡Hay motivo para temblar de miedo! ¡Y esto debe llevarnos a no rechazar nada sin antes examinarlo atenta y cuidadosamente! ¡Pues no sabemos dónde está lo verdadero y dónde lo falso en este mundo mezclado! En este punto palpamos nuestra impotencia para salvar a quien sea; esto se recibe de Dios. Es una lección única de humildad y de terror que debe incitarnos a permanecer estrechamente unidos al amor del Señor, que también es el amor del prójimo, ¡y quien dice prójimo no dice alejado, que yo sepa! Esto también debe ser precisado y comprendido enteramente.
Estoy cansado de luchar contra los rebeldes y pido permiso al Señor para descansar un poco a solas ... he abierto mi Biblia y he aquí lo que leo, que comprenderás tan perfectamente como yo: “Escapa al monte no sea que perezcas” y “Mas pareció a sus yernos como que se burlaba” (Génesis XIX, 17 y 14).
¿Qué te parece esto acerca de los que quieren forzar la puerta de la morada de Dios?: “Y a los hombres que estaban a la puerta de la casa hirieron con ceguera desde el menor hasta el mayor, de manera que se fatigaban inútilmente buscando la puerta” (Génesis XIX, 11).
Si por casualidad uno de ellos la hubiese encontrado, aunque sea imposible, ¡nunca hubiese sabido como abrirla!
No busquéis en los libros la inspiración de “El Mensaje Reencontrado”, pues no es ahí donde la encontré. Considerad más bien que este libro continúa la revelación del misterio único, ¡y que por consiguiente es hermano de los demás y no podría contradecirlos en este fondo único y divino!

Los lectores
Has encontrado una sirvienta que lee“El Mensaje Reencontrado”, y yo he encontrado a un humilde albañil que hace lo mismo aquí. También tenemos a un superinteligente militante católico, pero éste no tiene tiempo, y nos acusa de hacer un fariseísmo al revés, lo cual resulta ser una gran alabanza para nosotros, después de todo lo que dijo el Señor de los fariseos, ya que si hacemos lo contrario, estamos haciendo lo que le gusta al Señor. No debe sorprendernos la hostilidad del clero y de los bien pensantes instalados en una postura tranquilizadora y de reposo, pues les proponemos un cansino despertar y una búsqueda agotadora.

Es un libro animado que desenmascara a los falsos adeptos.
Después de ti y de los demás, he querido, también yo, buscar en “El Mensaje Reencontrado”  respecto al señor H., y esto es lo que he encontrado; y te lo entrego para tu colección: Libro XX, versículo 11'; Libro XXII, versículo 68'; Libro XXI, versículo 1'... O tiene razón él, o la tiene “El Mensaje Reencontrado”, ¿no?
Confiesa que parece que el libro se comporta con el señor H., que no lo quiere, como un ser animado que contesta diciendo cruelmente lo que ve, un poco como un niño despreciado por un visitante forastero y que dice en voz alta, sin malicia aparente, los defectos que ve en el otro.
¡Ah!, así que no estoy en la tradición -dice el libro-, pues tú cojeas por culpa de tu pie contrahecho que escondes, y te rascas a hurtadillas a causa de tus hemorroides, y tu ojo de vidrio no sigue los movimientos de la mosca que va a posarse sobre tu nariz postiza. Este es más o menos el guión, y encuentro muy curioso el carácter de“El Mensaje Reencontrado”, que no parece ser muy amable con los que lo niegan, ni muy paciente, ni muy dulce.
Es muy extraño que un adepto sea tan orgulloso y tan duro, pues se sobreentiende por el título que se auto concede, que Dios le ha humillado y puesto a prueba intensamente mucho tiempo antes de confiarle su temible joya, que puede subirse a la cabeza de los más fuertes y perderles para siempre. Se dice que el diablo siempre enseña un trozo de su cola o de su pezuña, a pesar de sus sutiles disfraces, y la no conformidad con los profetas y no reconocerles es la mayor señal de extravío. Hay otra cosa que es preciso preguntar como discípulo deseoso de instruirse: ¿es absolutamente necesario conocer la química moderna o la física nuclear y otras, así como los metales corrientes con su peso atómico, su extracción, su tratamiento, etc.? ¿Es la ciencia hermética un don de Dios o un don de los hombres? ¿Puede llevarse a cabo en una cabaña y sin fortuna? ¿Por qué los maestros y sus discípulos siempre se han ocultado con tanto cuidado? ¿Puede la ciencia hermética estar en poder de impíos e incrédulos? ¿Hay una enseñanza hermética en la Biblia, en los Evangelio, en el Corán y en el Tao Te King? Si el señor H. duda, hace una sola excepción o lo niega, estarás informado acerca de su ciencia como si hubieras visto en el secreto.