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Louis Cattiaux







 
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Alimento

37/15. Rezaremos así para la comida: «Gracias Señor que te entregas para nuestro alimento bajo el velo tenebroso de las criaturas terrestres. Haz que la digestión se realice en nosotros perfectamente a fin de que recibamos tu vida preciosa y que rechacemos el veneno de la muerte» Rezaremos así para la comunión: «Gracias Señor, que te das a nosotros para nuestra salvación, bajo el velo luminoso de la criatura celeste. Haz que tu vida gloriosa resplandezca en nosotros para siempre, después de haber aniquilado la abominación del pecado de muerte que nos mantiene en la agonía del exilio».

36/26-29. Así, el hombre domina el alimento terrestre y lo transforma en él. Pero es dominado por el alimento celeste que lo transforma en Dios. Lo que repetimos aquí a todos los creyentes es un gran misterio, pues es el misterio de Dios que habita la pureza de la vida liberada de la muerte. Por lo tanto, sólo nos queda encontrar al maravilloso Señor descendido del cielo que ha dicho: «Comed, ésta es mi carne; bebed, ésta es mi sangre». O bien, obtener de un sacerdote secreto de Dios la comunión de este prodigioso Señor que salva de la muerte. «Orden de Melquitsedec». Pues en este mundo oscurecido por la muerte sólo conocemos y recibimos en imágenes, como prefiguración del gran día del juicio, en el que conoceremos y recibiremos la realidad santa y palpable. Sin embargo, Dios ha permitido a algunos de sus sabios conocerlo en este mundo, y ha permitido a algunos de sus santos recibirlo ya aquí abajo, como las primicias de la resurrección anunciada a todos. Así, ¿comprendemos por qué está dicho que el Señor Dios juzgará a los vivos y a los muertos, a los vivos en primer lugar y a los muertos a continuación? Pues, incluso tener la gracia del don de vida ya desde este mundo, no nos dispensa del juicio último de Dios muy justo.

14/34'. El amor, que es el alimento del alma, no necesita ser digerido como la gracia y como la comida, que son los alimentos del espíritu y del cuerpo, pues ya es como el fuego divino: realizado y perfecto.